martes, 13 de junio de 2017

La importancia de tener buena memoria





Hoy vamos al cine y si la película que vimos nos gustó mucho podemos comprarla después para tenerla en casa y verla cuantas veces queramos. También podemos ver películas y series en internet una, dos, mil veces si queremos. Pero imagínense que no hubiera internet, ni cámaras de video, ni grabadoras de voz. Nada. Imaginen que para poder ver un espectáculo tuvieran que esperar a que se presentara en vivo. 

En la época de Shakespeare, en la Inglaterra del siglo XVII, uno de los pocos divertimentos a los que la gente tenía acceso era el teatro. Así que si una obra resultaba exitosa en una ciudad rápidamente se reproducía en otros lugares. Pero sin copiadoras, sin cámaras y sin grabadoras, ¿cómo copiaban los guiones para montar la obra en otra ciudad?

Había personas que memorizaban obras de teatro. Así, iban a la obra cuantas veces podían y después escribían los diálogos. Y en la siguiente ciudad hacían lo mismo. Cómo no existían los derechos de autor, y los dueños de las compañías temían que otros copiaran sus obras antes del estreno, a los actores sólo les daban una copia con sus líneas. Aún así, algunos actores vendían sus líneas a otras compañías teatrales. Lo malo de estos métodos es que son una especie de “teléfono descompuesto.” Al final acabamos con muchas versiones de una misma obra que en esencial cuentan la misma historia, pero con algunas variaciones.

Para la publicación del “First Folio” (la primera publicación de la colección de obras teatrales de William Shakespeare) en 1623 se consultaron varias fuentes para lograr conjuntar en una sola obra las varias versiones que existían.

El día de hoy se siguen montando las obras de Shakespeare y han sido inspiración para muchas otras producciones. Son obras que se escribieron hace 400 años que siguen siendo vigentes. 

Imagen: Pintura de Mathew McFarren


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